Microhotelería: espacios mínimos hiperconectados

Como respuesta al avance de plataformas como Airbnb, las cadenas apuestan por establecimientos con habitaciones muy pequeñas

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DUSSELDORF, Alemania.- Lo primero que me llamó la atención al atravesar el umbral es que la habituación no sólo era mínima, sino que no tenía placard. Tampoco frigobar ni caja de seguridad. Una cama de plaza y media, un plasma, un escritorio mínimo (la superficie necesaria para una notebook), una cómoda y una mullida silla. Ése era el único mobiliario. Tardé unos minutos en descubrir que un barral que recorría una de las paredes no era un elemento decorativo, sino el lugar donde colgar las perchas, y que junto con dos modestos estantes (a primera vista, también piezas ornamentales) era todo el espacio destinado para mi ropa.

“¿Necesito algo más?”, me pregunté, y tras confirmar que el Wi-Fi gratuito andaba a la perfección me decidí por la negativa. Después de todo serían cuatro jornadas de trabajo en la ciudad en las que no haría más que dormir en la habitación. Justamente para eso están pensados los microhoteles, como el céntrico Motel One de Düsseldorf en el que me hospedaba, innovadora propuesta de alojamiento que constituye hoy una de las puntas de lanza de las grandes cadenas hoteleras para hacerle frente a Airbnb y a otras plataformas de alquiler que amenazan con robarles muchos de los huéspedes que viajan solos por trabajo.

“Sorprendentemente, las 10 propiedades que más figuran en las wishlists (listas aspiracionales de los viajeros) no son mansiones, sino más bien pequeños y acogedores hogares”, confirmaron desde Airbnb Argentina. Las “tiny houses” de esta plataforma son, como su nombre lo indica, alojamientos diminutos que conforman una categoría muy demandada, y que si bien incluye excentricidades como una diminuta casa con forma de hongo u otra como salida de un cuento de hadas versión Disney, también ofrecen alojamientos pequeños y baratos que se adaptan a las necesidades de un número cada vez mayor de personas.

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Con cadenas como CitizenM o Yotel, fue Europa la que lideró inicialmente el desarrollo de la microhotelería con el firme objetivo de no dar el brazo a torcer ante el avance de formas alternativas de hospedaje. Ahora, estas cadenas están haciendo pie en los Estados Unidos -Yotel abrió un hotel en Manhattan y planea hacer lo mismo en Miami, Boston, San Francisco y Brooklyn-, lo que ha despertado al gigante hotelero Hilton Hotels & Resort, que anunció el lanzamiento de su cadena de microhotelería Tru, que inicialmente contará nada menos que con 189 establecimientos. Su competidor, Marriott International, hará lo mismo bajo el nombre de Moxy, que recientemente abrió sus puertas en Milán, Italia, marca que pronto se replicará en América del Norte y en otras partes del globo.

Las habitaciones de Moxy ocupan tan sólo 54 metros cuadrados contra los 91 de una habitación de un Marriott convencional. Las de Tru, por su parte, miden unos 68 metros cuadrados promedio contra los 106 habituales de cualquier Hilton.

Conectividad

Pero así como las habitaciones son pequeñas, los espacios comunes de los microhoteles suelen ser bastante generosos. El Motel One de Düsseldorf, por ejemplo, forma parte de una cadena con presencia en las principales ciudades de Alemania, que se caracteriza por ofrecer modernos y espaciosos lobby-bar en sus plantas bajas, con muebles de diseño y conectividad gratuita que convierten este espacio común del edificio en un lugar apto para desayunar, almorzar y cenar, pero también para improvisar reuniones de trabajo o disfrutar de encuentros sociales.

La tecnología es, en la microhotelería, un elemento privilegiado. La conectividad está presente tanto en las habitaciones como en todas las áreas comunes del hotel, y bajo todas sus formas (inalámbrica, pero también de la otra). Puede no haber teléfono en la habitación -lo que verifiqué en Motel One-, pero la conexión a Internet es tan potente como para hacer una llamada por WhatsApp o conectarse por Skype sin contratiempos de ningún tipo.

Es que así como el espacio es escaso en las habitaciones de un microhotel, lo que sobra son fichas para cargar la batería del celular o de cualquier otro dispositivo electrónico. Menos espacio, más conectividad, parece ser la ecuación que describe las necesidades de un número cada vez mayor de personas que salen de viaje solas.